Tras mucho tiempo (mucho
mas del deseado), volví a correr por Madrid. Los motivos dejar caer en el
olvido lo que hace años era una “religión”, incontables… sin embargo esta vez
sume el valor suficiente para volver, para sentir el ambiente de las carreras
populares, para reencontrarme con viejas tradiciones, buenos amigos y escoger
esos momentos que nos hacen olvidar las trabas que a veces nos pone el camino
de la vida.

Todo surgió hace semanas como la idea de “Carrera de mataos”. Dicho así sonaba como a pachanga de domingo de resaca entre amigos. Nada más acertado, ni más preciso. Lo que empezó como una ilusión remota de reencontrarnos algunos amigos del colegio después de tantos años, se convirtió hoy en una realidad: así, pude conocer a alguno nuevo y volver a ver a tres de los míticos compañeros y amigos de aquella promoción del 99 del Colegio Villa de Móstoles. La alegría del rencuentro, irrepetible, el poder disfrutar con gente con la que compartí exámenes, clases, minis de calimocho e incluso viajes al extranjero, años después y haciendo una de las cosas que más me gusta, no tiene precio.
Una bonita mañana de Septiembre, temperatura ideal, el entorno del parque del Retiro (o Buen Retiro), preparado para una jornada de deporte, invitaban a la ocasión, al esfuerzo, al disfrute, al no dejar pasar ese momento. Tras ese ritual que afortunadamente no he olvidado (alfileres y dorsal, camiseta y cordones…), volví a sentir ese extraño empujón que sientes al encontrar a tanto corredor (algunos de ellos conocidos de muchos años) y que sin pensarlo te lleva a iniciar la carrera tras el pistoletazo.
Correr por Madrid, siempre fue un lujo, un sueño y la carrera do hoy fue especial en este sentido. Además, era un recorrido inédito para mí, ya que nunca había tomado la salida en esta carrera y pasar por sitios tan típicos como Neptuno, Gran Vía, Preciados, Puerta del Sol, Opera, Carrera de San Jerónimo o Atocha, no dejan a un admirador de esta ciudad indiferente. Terminar entrando en Retiro por el Paseo de Coches (lugar que tantísimos recuerdos propios y ajenos guardo en mi), ha sido el colofón para un gran día.
En lo deportivo, diré que
me estoy adaptando todavía a una nueva forma de entrenar, en los huecos que las
obligaciones laborales y de la vida moderna me permite. El crono, como siempre
lo de menos, discreto, entorno a 47 minutos (segundo arriba o abajo), con mucho
sufrimiento al final sobre todo: empecé la carrera con muy buenas piernas pero
en el km 8 era imposible mantener el ritmo, y fue ahí donde perdí más tiempo. Las
sensaciones en carrera fueron bonitas, pero no buenas: falto aire en los
pulmones y gas en las piernas y la inercia de meses sin correr en competición se
nota.
En lo emotivo, como
siempre mi vena nostálgica aflora. En este terreno más aun. En el Retiro comencé
a correr por primera vez con mis queridos Correveidiles (fue mi primer
entrenamiento con ellos), luego vinieron las carreras de Retiro, de la mujer,
las medias de Madrid que últimamente terminaban allí y como no, tantos MAPOMAS
sufridos en sus piernas, las mías y tantas fotografías grabadas a fuego en
nuestros recuerdos. Hoy fue imposible no acordarse de todos y cada uno de
ellos, todos los amigos que tantas veces corrimos por aquel parque… Sabía que sería
una quimera volver a verlos (al menos en estos días inciertos en actitud
correril…), sin embargo quise rememorar esos años con nuestra seña de
identidad: La elástica. No lo negare, en algún momento esperaba que alguien me
llamase atendiendo a nuestros colores (no es fácil olvidar tiempos pasados en
los que hasta una veintena camisetas se lucían por esos lugares).
Al final, ha sido un buen día.
He de agradecer personalmente a mis amigos Juan, Tomas, Javi y Mikel que me
animasen a tomar parte en esta locura, dulce locura y que repetiría mañana
mismo. A ellos les debo especialmente el haberme ofrecido unirme a su equipo… y dicho sea de paso y con
la boca chica… a intentar que esta tradición se siga repitiendo.
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