domingo, 15 de febrero de 2015

Segunda Semana


Hoy concluye una semana más de la preparación específica para MAPOMA, que dicho así suena muy pomposo y celestial, pero que realmente me estoy tomando como un entrenamiento “a largo plazo” para recuperar mis mejores ritmos.

La semana ha concluido con casi 50 km de entrenamientos, aproximadamente 8 o 9 en ritmos rápidos y una tirada algo más larga, de 20 km. Ha tenido como aliciente especial el conocer algunos componentes de mi grupo de entrenamiento (gente muy loca que comparte esta afición por correr), nuestro entrenador (todo un lujo) y por el camino ir coincidiendo con gente del mundillo de las carreras.

El primer día, un recuerdo de los entrenamientos de potencia, con series cortas y cuestas, lo hice por el barrio y en solitario lo cual fue algo árido. Las sensaciones fueron buenas aunque note las piernas fundidas al final del entrenamiento, quizás la falta de costumbre o también el no calcular bien los ritmos.

El segundo día de calidad sufrí más. Nuevamente como en los viejos tiempos me presentaba ante un entrenamiento rápido “saliente” y con poquitas horas de sueño. En este caso, unos cambios de ritmo que alrededor del lago grande me cargaron de adrenalina y aunque, cambio a cambio notaba que las piernas se quedaban vacías y sin fuerzas, finalmente revisando los cronos de cada vuelta vi que gire muy parecido entre todas las vueltas. Aquel día sí que di todo lo que tuve sobre todo en los últimos 3 cambios, donde parecía imposible volver a arrancar.

Hubo un día de soltar piernas, el jueves por la mañana y apenas 12 horas después de haber dado caña en los cambios de los lagos. Ese fue el momento para ir suave, lento, escuchando la música que tantas veces me acompaña y dejando a la mente volar, liberarse, correr…

Llegaba al domingo, bastante cansado, mas por lo laboral que por lo deportivo, aunque he de decir que el segundo día de calidad hizo estragos en las piernas y durante casi dos días estuve con dolores, de hecho me enfrentaba a un nuevo entrenamiento con 48 horas (o alguna mas) de descanso, pero casi con las mismas horas de vuelo entre camillas y pasillos. Pero el día de la tirada era sagrado, porque esta semana no habían salido tantos km corriendo (a duras penas unos 30 en los 3 días previos). Comencé a rodar por el PAU, saliendo por la vieja Nacional V hasta el Parque Coimbra y desde ahí, rodar hasta el Parque del Soto, disfrutando un poquito de sus paisajes para retornar nuevamente a casa, con un rodaje de aproximadamente 20 km y sensaciones malas. Empecé el entreno clavado, hacia viento, las piernas pesaban por el día previo de trabajo y me notaba pesado, no iba fino. No ayudo el hecho de que busque terreno blando, evitando el asfalto, con lo cual la tracción era menor pero además había llovido mucho la noche anterior, con lo cual había charcos, barro, te hundías, te resbalabas (una risa, vamos). Pero el entreno tuvo algo interesante: hacia más de tres años que no hacia ese camino, el que baja prácticamente al Parque Coimbra y enlaza con El soto. Creo que esto es algo positivo de las dos semanas de trabajo que llevo y es atreverme con rutas, que poco a poco fui olvidando, por temor, aburrimiento o falta de confianza.

Al final, una semana que ha tenido sus buenos momentos y sensaciones pero que sigue transmitiéndome mis limitaciones. Hoy esperaba haber hecho mejor la tirada larga, creía que iría mejor, sin embargo ha costado algo más de lo esperado. Seguiremos intentándolo y aprendiendo de estos momentos.

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